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La profesora

Rodrigo Brondo

La profesora colocó unas cifras en el pizarrón para que las anotáramos en el cuaderno. Comencé a respirar su perfume dulce de abuelita tal si fuera una bufanda echada desde un segundo piso; lenta y pesada. En la superficie, las gastadas suelas de sus zapatos iban limando el polvo; dio la espalda, elevó al parecer su mano derecha y con un pedazo pétreo en color níveo fricciona la extensión nebulosa verde emitiendo un código de sonidos. Es un péndulo mágico de regaños y cabellos chinos. Barre con su chancleo la tierra. Miré a mis compañeros con sus cabelleras agachadas repitiendo los signos apresados al frente, mientras el balbuceo del lápiz restriega los pétalos. Levantaban la cabecilla y continúan siseando el brillante carboncillo. No sé cuándo la luz abandonó mis ojos.  

La lentejuela escuela. Sus lentejuelas mesabancos. Sus lentejuelas aprobaciones. Sus lentejuelas sellos de burros y marranos, sus conceptos, sus significados, sus síntesis y abreviaciones. Sus lentejuelas esquemas conceptuales, sus cuadernos forrados con el tono de la materia, con la etiqueta del nombre y grado, domicilio y teléfono, grupo sanguíneo y signo zodiacal. Los estudiantes con buena letra, con buen mapa y con buena biografía simétricamente pegada al centro, no podrán copiar en los exámenes cuando la gran ola los aplaste.       

 Sus lentejuelas investigaciones, sus técnicas de calificar, conceptuar y obligar a transcribir las tareas en máquina. Sus lentejuelas instrucciones para rellenar cuadritos, derecha a izquierda; dos puntos, de arriba para abajo; un brinquito de vocales y alfabetos, de comas y acentos, diptongos y dibujar un sol feliz en el borde superior.  

Sus lentejuelas profesores inmaculados de verborrea holística, sus trampas, su cacería psicológica sus familias de gente superior al status quo. Sus carreras son aliteraciones desbordantes de disonancias. Radiantes por la cantaleta: no profundizaré en el tema porque pasaría horas hablando de ello. Son una fábula de animales domésticos recitada hasta descomponer el sentido del lenguaje. Sus lentejuelas dogmas y su miserable manera correcta de evaluar e interpretar mediante su metro la indivisible realidad no experimentada. Sus lentejuelas palancas, sus lentejuelas recomendaciones, su repugnante respeto. Adhesivo en la frente al mérito por sobresalir en un plan de por vida repitiendo el resumen del manual escrito por enterradores.  

Y después quieren que salgamos y entendamos el sistema solar, el cúmulo de galaxias, el colapso del cuerpo cósmico… inmenso de luminosidades... mentimos cómo mienten las estrellas. 

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